
Me puse a divagar sobre una costumbre moderna, creo que en parte arraigada en el uso extenso del móvil y parte en la desconexión individualista que las "nuevas" tecnologías compulsivas permiten.
Desde hace tiempo vengo observando un fenómeno bastante extendido, el sindrome de la "anhedonía compromisaria" (AC), un síndrome inventado por mi, que se refleja en casi todo. Por supuesto, es subjetivo, hay más explicaciones y bla, bla, bla...
Su origen y causa, es bastante discutida y discutible, pero entronca con una rama siempre inquietante del "amigo psicopático" del grupo, y bien podría ser solo una expresión suave de esta dolencia.
La AC consiste en, simplemente, ser incapaz de adoptar una decisión rápida sobre una cita futura, o al menos un principio de compromiso con una fecha. Una expresión suave de un repertorio que puede llegar al límite de lo delictivo. Es fácil disculpar esta falta de diversas formas indulgentes, pero lo cierto es que con la motivación adecuada, no se da.
Un ejemplo. Desde hace años me arrastro por los campos de tierra de una liga de fútbol para aficionados, ya en la cuesta abajo de su vida deportiva (dentro de esta escala, lo más bajo, y en lo más bajo yo) en la que durante todos estos años ha sido prácticamente imposible saber cuanta gente iba a jugar a un partido, ni con unas horas de adelanto, y eso que los horarios y campos estaban preestablecidos con entre 15 y 30 días de antelación.
Inevitablemente, uno o unos pocos sujetos más, se dedican a avisar telefónicamente a los distintos elementos, incluso a pocas horas o minutos del comienzo del partido, para que acudan a jugar o al menos confirmen si acudirán, y así pedir que se acerque alguno que dijo que "No voy, si hay gente suficiente" para completar el once titular.
Se propuso acordar una fecha límite para que se avisase y si no, la persona no podría jugar.
Sorpresivamente se aceptó, y el número de avisos se aproximó al 100%. No era un tema de despiste, sino de motivación.
En años siguientes, esta exitosa costumbre se laxificó, y finalmente, se retorno al método primitivo. Una de mis hipótesis finales, explicaría esta aparente incoherencia, la necesaria complementariedad.
Así, tenemos un AC secundario, no puede quedar pero porque no puede encontrar fecha y hora, su agenda es extensa (e inamovible, sin opciones, para el que pide la fecha, claro). De un modo diferente, el AC primario lo que hace es balbucear incoherencias y "déjarlo pasar" sin dar una sola pista de dónde encajar un acuerdo.
Expondré, a modo de ejemplo, otro de los relatos estremecedores que he podido conocer.
La pesadilla del puto regalo de cumpleaños.
Basado en relatos de grupos de personas que aún tratan de regalar a otras en grupo. Craso error.
Así en los subsiguientes ejemplos, A, es el complice, y B el personaje diagnosticado de AC, en este caso un AC secundario o ACII:
A-¿Quedamos el jueves para ir a comprar eso?
B-¿El jueves?, no puedo, tengo una colonoscopia.
A-¿y el viernes?
B-¿Por la mañana o por la tarde?
A-A la hora que tu digas.
B-No, el viernes imposible.
etc...
Si, es irritante, es digno de comentar, pero no es AC primario. Aquí tenemos un ejemplo de AC I:
A-¿Quedamos el jueves para ir a comprar eso?
B-¿El jueves?, buff, no se si, el jueves es... no se...
A-¿y el viernes?
B-Viernes, ¿viernes? es que yo... me tengo que levantar de la cama y claro, después... no se...
A-¿y cuando puedes quedar?
B-Quedar, quedar... si... no se... a ver si la semana que viene, algún día, no se...
etc...
Aclárese y vaya por delante, que ambos sujetos o sujetas, son amigos, y que el sujeto B se deleita cuando el sujeto C, que en esta ocasión no entra en escena, y el A, le entregan su regalo de cumpleaños.
En ambos casos se detecta como el sujeto A, adopta una postura diligente y flexible, una postura proactiva y de buen rollito, mientras que el B, se erige como lo que se denomina "the Boss", un fulano que sin razón ni conocimiento de causa, se convierte en la estrella de todo el berenjenal.
Nótese que este sujeto B, en el caso AC I (último ejemplo) transmite claramente un desinterés absoluto, en el fondo, un autentico escupitajo en la cara del sujeto A, que sin saber cómo, se arrastra en pos de una respuesta concreta de B, suplicante, cuando en teoría a ambos les interesa el asunto.
Mi observación de estos especímenes me lleva a complementar con varias observaciones más que configuran a su vez tres subclase de AC que se pueden acoger a la forma I y la forma II:
1-Psicópatas: Los AC pueden tener una personalidad sádica, de mayor o menor intensidad. Todo AC necesita

un complementario, alguien con una infinita paciencia, que nunca se de por aludido, que insista incansablemente o que, en último caso, arregle la papeleta del AC, sin que conste nunca que así ocurrió. El AC siempre quedará bien.
- Los AC pueden ser auténticos psicópatas. Es cierto que muestran pasividad sádica pero ésta es selectiva. Si el estímulo es lo suficientemente atractivo pueden ser los primeros en todo.
Un ejemplo: Indalecio es un muchacho AC desde muy temprana edad, siempre se olvida de pagar la ronda que le corresponde cuando se hace bote, casi nadie se da cuenta; normalmente le cuesta pagar su parte del regalo comunitario de cumpleaños de otro de la pandilla y suele llegar tarde a casi todas las cosas, manda mensajes de última hora diciendo que no irá a tal sitio dónde le esperan para recogerlo (y que por cierto, le venía fatal al que le espera) etc... Su amigo Tiburcio, le dice que ha encontrado una plaza muy interesante al Ayuntamiento de Fuentecilla de Torlonia, y que si se apunta, que el también va. Pero Indalecio ya se ha apuntado. O al día siguiente va al ayuntamiento y no avisa a Tiburcio, que no tiene coche, para que le acompañe, o finalmente, no advierte a Indalecio de que el papel A-3/22 se coge en la ventanilla O y no la 0 como parece que dice el papel, con lo que Tiburcio no logra hacer la solicitud a tiempo.
- Los AC tienen memoria selectiva. Un AC recuerda hasta el más mínimo detalle de la más pequeña falta que haya recibido, mientras que desprecia las faltas que haya podido cometer, porque "ya hay que ser rencoroso para recordar eso", "tu habrías hecho lo mismo", "yo no te ando todo el día recordando tus cagadas"...
- Necesariamente los AC poseen cualidades personales de algún tipo para poder parasitar su entorno: suelen ser guapos o disponer de posibles familiares o chantajistas eficaces y sutiles (es una virtud desde el punto de vista evolutivo) o poseer alguna habilidad destacable en el entorno en el que se mueven.
- Los AC solo activan sus recursos ante sujetos o grupos pasivos, son capaces de aparentar normalidad cuando se ve en un entorno hostil, o al que le interesa acceder. En este caso, se podría valer de sus complementarios para medrar en el nuevo grupo: Esto incluye todo tipo de posibles desprecios, chascarrillos o simplemente la ignorancia completa.
2- Hamletianos: Algunos AC sufren de incapacidad para enfrentarse a las decisiones y a otras personas. En realidad lo que ocurre es que no se atreven a decir "no" y por ello prefieren esperar a que, como se suele decir, el asunto caiga por maduro.
3- De muerte afectiva: Finalmente, algunos AC simplemente han perdido el interés en una relación, sea la que sea, y con su pasividad aparente contribuyen a que dicha relación se extinga de una manera no explicita. Ej: Amigos de instituto, de la infancia, antiguos novios con los que aún te llevas, novios/parejas actuales, familiares etc...
Como conclusión decir, que los AC hacen lo que hacen porque pueden, porque tienen un complementario (o un harén) que les permite ser como son, y porque saben tirar de los hilos... O porque les conviene por alguna razón.
Mi recomendación es, si tienes un AC, de tipo normal, no le sigas el juego sin antes analizar las causas profundas de su actuación, por si te convienen o no, y si el AC es de tipo psicopático, corre Forrest ¡¡¡corre!!